24.3.13

El profeta



Una vez una persona sabia me dijo que la vida no era una recolección de momentos efímeros, si no el conjunto de todo aquello que había sido importante para nosotros.

Y como todo sabio aprendiz, seguí las enseñanzas de aquellas personas que yo sabía, podrían decirme algo interesante.

Un buen día, como todos los demás, me encontré a un profeta, un visionario, un genio.... bueno pues, sentí que había encontrado a mi santo grial, a mi infinito, a mi todo en una persona tan imponente y bonita, tan elegante, tan perfecta y superior a mí, que no dude en tratarlo por un momento como el mismísimo Dios. Y como borreguito lo seguí de aquí a allá, escuchando su palabra sin cansancio, sus muy sonadas letanías que convencían a la gente con verdades irrefutables, a las que mis sentidos respondían con tanta naturalidad, que parecía que emanaban de mi ser.

Hasta que un día, conocí la injusticia propiciada por mi propio maestro.... y en un segundo, comprendí la verdad. Entendí que aquél genio al que tanto admiraba era solo un mentiroso, un ilusionista que transformaba su entorno para manipular a cuanta gente quisiera, un heredero antiguo de los sofistas que transmutaban las cosas a su conveniencia. Y sin preámbulos de ira o gloria, me deje ir...





-Alejandra Cárdenas B.


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