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Mostrando las entradas de junio, 2010

Arrêter!

Stop, arrêter, parar pues de hacer algo. Detenerse en el paso, de continuar con la costumbre, porque es tiempo de un cambio, o por el hastío de la prolongación. En fin, esto es pura retórica de lo mismo. Dejar de hacer lo que estamos haciendo, por el simple hecho de parar o porque hay una razón que nos obliga a hacerlo.

A veces ( muchas, sino es que la mayoría) tenemos la decisión de parar ciertas circunstancias en nuestra vida. Esa acción que nos define como humanos, el libre albedrío de elección, es lo más sagrado que podemos tener. Lo curioso es, la cantidad de problemas que nos puede causar el tomar una desición, que consecuentemente, nos hará parar algo en nuestra  vida, que por si mismo, presentará un cambio; cambio al que posiblemente, y sin preeverlo, no estemos listos para aceptar o procesar.

Después, llega el momento en que no podemos soportarlo más. Nuestro corazón nos grita la acción correcta, para que nuestro cerebro cordine las acciones que nos permitan respirar liberta…

Muestrame que sientes

Feliz seas, cuando voltees al sol y sus rayos te den calor, de luz que el día consume en noches pobladas, de intrusos destellantes que te observan caminar, mientras yo te pienso, sonriendo a alguien más.
Sueñame en la bruma, como yo te sueño a ti, ilusión heterea que te haces presente; buscame en momentos que no sean furtivos: encuentrame en tu existir.
Y si las descabelladas ideas, de esta mente que te alucina, fueran posibles como las casualidades, aquellas que me dieron la oportunidad de entender, que eres lo más próximo a la emoción que he podido conocer.
Te escribo constante, para no perder la esperanza, de que esa pequeña muestra de separación espacio-temporal, que se dio cuando nada de esto era posible, sigue viva, dentro de mi, dentro de ti.


Alejandra Cárdenas